El logro de Coetzee no es el haber conseguido una autobiografía de fácil y agradable lectura, ni siquiera el haberlo hecho a través de un tono que abandona cualquier atisbo de autocompasión, sino el desmontar sin esfuerzo esa manida teoría, instalada en el acervo popular, de que todo niño es inocente y bondadoso por naturaleza.
"Las calles e la urbanización tienen nombres de árboles, aunque todavía no hay árboles"
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