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"No puede ser tan horrible, se dice. Es ella, su mirada, que está enferma. Ojalá pudiera cerrar los ojos para no ver más"
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"No puede ser tan horrible, se dice. Es ella, su mirada, que está enferma. Ojalá pudiera cerrar los ojos para no ver más"
La acertada narración en primera persona permite al autor indagar sobre el racismo y la violencia en la América del siglo XIX con un tono tan crudo como divertido.
García-Rojo abandona sus señas de identidad (juventud y fantasía) para adentrarse en un universo más "adulto", donde destacan sus gusto por las descripciones (la ciudad) y la creación de personajes nada lineales (Berit Linch).
Las chicas de campo del siglo XXI.