José Luis Cuerda rompe con todas las reglas establecidas (falta de argumento, ausencia de protagonistas y exceso de reparto) para ofrecer una obra culmen del surrealismo, de la diversión y, en definitiva, del cine; que demuestra que también hay cabida para el realismo mágico fuera del mundo de las letras.
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"¡Se te está muriendo divinamente, te lo juro! Tenía ganas de que
vinieras para poder decírtelo. Puedes estar orgulloso, ¡de verdad!, de
los años que llevo de médico nunca había visto a nadie morirse tan bien
como se está muriendo tu padre. Qué irse, qué apagarse, con qué
parsimonia. Estoy disfrutando que no te lo puedes ni imaginar..."
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