Barroca y técnicamente cuidada, acierta en sus dos pilares básicos: la mezcla de géneros (a través de una confusa y eficaz intriga) y el triángulo amoroso (Félix Gómez, Bárbara Goenaga y Eduardo Noriega), con una de las escenas finales más bellas y poéticas del cine reciente; pero flaquea en el tercero y fundamental: una enfermedad poco creíble (las imágenes explicativas de la percepción de la protagonista) que, como elemento cimentador de toda la historia, hace tambalear los pilares de ésta .
7 de 10
"Que te acompañe siempre la idea de que jamás hubiese cambiado la hija que fuiste por la hija que podrías haber sido"
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