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Uno de los principales problemas de la industria del cine es su patente obsesión por la explicación del origen de todos los hechos; como si la libertad especulativa del espectador fuese un oprobio o, en último caso, se considerara a éste un ente algo tonto al que habría que dárselo todo bien mascado. Sorprendentemente, "El origen del planeta de los simios" sale airosa de la jugada, si entendemos su apuesta como entretenimiento independiente y no como parte de una nueva saga sin misterio alguno, pues en este último caso estaríamos ante la misma cutrería distópica a la que nos tienen acostumbrados. Por último, es de agradecer la decisión de descartar la interpretación por ordenador de James Franco. Con la de los simios ya hemos tenido bastante...
"¡Cesar!"
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