Une la diversión del cine teen con la emoción de las comedias románticas, y consigue una película indispensable en ambos géneros.
9 de 10
"Un disfraz es algo liberador que te ayuda a hacer cosas que nunca has creído posibles"
Une la diversión del cine teen con la emoción de las comedias románticas, y consigue una película indispensable en ambos géneros.
Conforme las entregas avanzan la gracia de las vivencias de Ben Stiller con sus peculiares suegros y padres va diluyéndose, hasta tal punto que la incorporación de sus hijos parece sólo justificado por un desmesurado esfuerzo recaudatorio.
La gracia en la exageración y el surrealismo, única razón y fundamento de la película, comienza a desvanecerse cuando, aparte de la magnífica autoparodia (¿consciente?) de Lindsay Lohan -ahora en tetas, después en hábito- poco más se puede encontrar en esta vacía propuesta iconográfica.
Entretenimiento de usar y tirar con rostros conocidos (el televisivo Julian McMahon y la sexy, pero desperdiciada, Jessica Alba) y un cutrerismo de efectos especiales donde el gratuito -y necesario- descamise de Chris Evans se postula como el más elaborado y conseguido de ellos.