La excelente prosa poética de la que hizo gala la autora en Vida hogareña, desaparece en una novela demasiado lineal y larga.
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"Todos la llaman casa, pero nunca se quedan"
La excelente prosa poética de la que hizo gala la autora en Vida hogareña, desaparece en una novela demasiado lineal y larga.
Marilynne Robinson huye del melodrama (a pesar del entorno familiar) y de la parodia (a pesar de la idiosincracia de los personajes) para mostrar una trágica historia, rebosante de carácter visual (el agua inundando la casa, el fuego quemando la casa, las botellas apiladas en la casa), tratada con insultante naturalidad y plagada de inolvidables reflexiones sobre una casa y las vidas en su interior.